Crónica Digital participó en el acto de homenaje a la intérprete nacional, Rebeca Godoy y al reconocido impulsor de la música folklórica, hombre de radio y luchador por la democracia en Chile, René Largo Farías, realizado el 29 de agosto recién pasado en El Totoral, Isla Negra.
El acto fue organizado por “Calle Magnolia”, colectivo artístico “nómade” del litoral central que encabezan la narradora Inéska Varas Largo y el poeta Ronald Gallardo, y se desarrolló en el “Nawal Espacio Cultural”, de El Totoral, Isla Negra.
El siguiente es el texto de la intervención de nuestro director, Marcel Garcés, en dicho acto de homenaje y recuerdo de estas dos figuras del arte musical popular y comprometido de nuestro país.
“Nos reunimos hoy para celebrar y para recordar a dos de los nuestros.
Rebeca Godoy era un torbellino y su voz estremecía y enseñaba. Tenía el eco de un torrente cordillerano y resuelto, del ronco gritar de verdades severas, de denuncias dramáticas y de amores, a veces contrariados.
Era – y es, porque su canto permanece- agitadora de esperanzas cuando a veces cundía solo el dolor y la rabia.
Acompañó a los nuestros, nos acompañó, desde una trinchera de banderas al viento, de esperanzas e ilusiones florecidas.
La melodía, el ritmo de su voz podía ser exasperado. Pero inspiraba e incitaba a la rebeldía.
Imprecaba tanto como amaba. En sus versos se le iba la vida.
Pero nunca la vimos suplicante, ni de justicia, de verdades, ni de amores. Ella exigía. No concebía otro presente y otro horizonte, otro motivo para vivir, que el compromiso. Y esto era su máximo orgullo.
Se entregaba con una pasión desmesurada, quizás, pero honesta a carta cabal. Era, definitivamente, y en el sentido más profundo del concepto, una insurgente.
Era la imagen y la certeza de una pasión a veces sin límites ni condiciones, asumida como forma de vida. Era total en su compromiso con la vida y un futuro, que vislumbró con una esperanza que nunca pudo materializar cabalmente, porque sus horizontes, como en la realidad, en la medida que parecían acercarse, se distanciaban, marcando nuevas metas.
La alegría, si llegaba, era el preámbulo de nuevos desafíos, esperanzas, objetivos, sentidos, emociones, futuros, sueños, nuevas inspiraciones.
Su vida fue una constante entre el compromiso militante del pueblo, entendido como sujeto histórico, poético, social y el fragor de su vida personal y colectiva, más allá de una bandera o una consigna, una circunstancia.
Pasaba por encima de ciertas necesidades de la coyuntura o las conveniencias, y nunca aspiró a ser “la cantante” oficial de alguna tribuna partidista.
Era la personificación de una libertad que a veces no se comprende o incomoda.
Pero nos dejó en su canto, y en su conducta de artista y compañera, una herencia de hermosura, creatividad, sentimientos, la tonalidad, la tersura y el desgarro de un sentimiento hecho canción, forjado en la vida misma, que la mantiene presente y viva, entera.
René Largo Farías era un caballero antiguo, de la profundidad de la provincia. De esos que tienden su manta para que pise el pie de la dama. Pero era también un resuelto conspirador de canciones, un rebelde inspirador, un combatiente, un organizador, un comunicador de esperanzas.
Su mensaje era de un patriotismo musical y transitaba por el paisaje rural, a través del corazón de las cantoras y trovadores, por los espacios urbanos y populáricos, los escenarios del compromiso, de la guitarra combativa, las notas y versos que testimoniaban la vida misma, el germinar del trigo, el estallido de la uva y el milagro de las cosechas, pero también el esfuerzo del trabajo, los senderos de la historia del hombre, verso a verso , sudor tras sudor, muerto a muerto.
Su territorio era el folklore, es decir la creación del pueblo.
Asumió como su misión de vida el rescate de los valores populares. Y poner a disposición de todos, el arte de los cultores populares, la herencia material e inmaterial del pueblo.
Su profesión y su pasión singular era la de comunicar a los ciudadanos los mensajes creados en noches de risa y canto, en el escenario de peñas y cantinas, que en los malos tiempos de la dictadura se transformaron en trincheras y en desafíos llenos de riesgo. Una pedagogía en que se fundía canto, verso, vino, alegría, amaneceres.
René fue un pionero, un creador constante de tribunas y escenarios, un acogedor anfitrión para veladas memorables.
Figura en su historia su trabajo en radios y publicaciones, la cantera de cantores y cantoras acogidos en su Chile Ríe y Canta, y luego en el exilio, su labor de difusión, solidaridad y de denuncia de los crímenes de la dictadura de Augusto Pinochet en México, los años de su programa Chile Lucha y Canta en Escucha Chile de Radio Moscú, y de vuelta a Chile, incansable e inclaudicable nuevamente su peña.
Fue incansable, temerario, persistente en su lucha por restablecer su derecho a vivir en Chile y se resistió a la injusticia del exilio. No podía permitir que se le negara respirar, crear, difundir su mensaje patriótico, en Chile. Y finalmente pudo más su “empecinada tenacidad”, al decir de José Miguel Varas, su cuñado y amigo.
Pero no bastó para eludir la alevosía de una determinación criminal que tronchó la vida de este patriota ejemplar, que buscó vengarse en él por la victoria que construyó el pueblo chileno.
José Miguel, también presente hoy en este acto, dijo que René, “alguna vez dijo que nunca fue o se sintió político. Sólo tengo, dijo en una ocasión, “una cierta capacidad para luchar contra la injusticia”.
Manera modesta de definir una concepción de la vida que lo llevó a sacrificarlo todo por un sueño de justicia social y por principios éticos.
Rebeca Godoy y René Largo Farías, a pesar de alguna evidencia que nos dice que se han ido, permanecen.
Están aquí, hermanados en el verso y la música, en el recuerdo de las guitarras y del canto, el vino y la amistad, la risa y el llanto, que como decía Violeta son,¨”los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es el mismo canto, y el canto de todos, que es mi propio canto”.
Rebeca y René, son nervadura, savia, semilla y fruto, de ese mismo canto. Y por ello están siempre presentes ¡ahora y siempre!”.
Santiago de Chile, 15 de septiembre 2015
Crónica Digital